Aquella noche terrible no parecía tener fin. Negras nubes de humo eran arrastradas por el viento, cuyo ensordecedor rugido delataba a la enloquecida bestia que latía en su interior. A lo lejos, algunas llamas consumían los últimos vestigios reconocibles de vida. Un remolino se acercaba, absorbiendo espacio, tiempo, materia, energía y hasta los recuerdos de las almas en pena que vagaban buscando su trascendencia...
La ausencia de la antigua existencia fue llenada por otra nueva, más completa y compleja, que hacía parecer a la anterior como un sueño inacabado y borroso. Mucho de lo que previamente sólo era posible en la imaginación, ahora formaba parte de la realidad.