El presente texto lo hago porque desearía compartir algunas reflexiones sobre los patrones coincidentes que aparecen en las películas de animación japonesas. Es algo que llevo observando hace años y que al darme cuenta de ello me ha dado mucho que pensar (por no haberme dado cuenta antes).
Se trata de ciertos patrones que se repiten sistemáticamente en las películas de "animé" y que detallo aquí simplemente, pues no me quiero hacer extenso:
1.- Tokio, o Cristal Tokio, o Neo Tokio, o La Ciudad Más Importante que salga en la película, es destruida. Siempre. Además, por aniquilación atómica (la mayoría de los casos), por cataclismo rarísimo y cuasi supernatural o por desastre nada habitual (le cae un dragón entero encima, por ejemplo).
2.- En todas las películas estas, hay que yomigaeru algo o alguien. Ya sea a uno de los Siete dioses Destructores de la Guerra, o al Espíritu del Bosque o a una especie de Dragón-Armadura, o a una Especie de Ente-Ser Que No Debe Ser Molestado, el caso es que en todas hay que yomigaeru ello. Además, el proceso de yomigaeru es maaaalo, muy malo y siempre hay alguien tonto que lo intenta contra viento y marea. Muchas veces el yomigaeru lo que sea es la causa directa o indirecta del punto 1 (porque además, sale mal).
3.- El o la protagonista principal sufre mucho: Se deja abofetear, apuñalar, herir, quemar, insultar, etc. (e incluso matar pero casi siempre a él/ella también le yomigaeru) todo ello con una sonrisa, un desprecio por la muerte y el sufrimiento propios y compasión infinita por el malo/bueno que le está haciendo esas cosas. El/La protagonista vierte sangre dolorosamente no una, sino más veces y en circunstancias en la que se ve claro que no sólo es bueno/a, sino que su voluntad está más allá del bien y del mal. Con sangre o sin ella, el protagonista debe tirarse sufriendo al menos media película, aunque sea sufrimiento espiritual o mental por causas más allá de la comprensión de los espectadores (por ejemplo, porque tiene que cumplir su destino, sea cual fuere este).
4.- Todos los amores (menos los de los malos) son imposibles. Además, se revientan al final y por lo general de forma sorpresiva: O bien a ella le salen alas y desaparece, o bien él se va a matar dragones mutantes con el maestro de ella, dejándola plantada, o bien ella se va a un bosque al que tiene que irse, o bien ella o él mueren, o bien se inmolan él, ella o ambos al final (a veces en la destrucción de Tokio de la que se habló antes). El caso es que nada de nada. Sin embargo, los malos que va; no se privan de nada mientras la película dura. Se lo pasan pipa y sobre todo gracias a sus maldades. Pero pipa, eh. Los buenos todo platónico y/o sufren mucho o todo en sueños, pero nada más. Además, como tengan relaciones íntimas, por más nimias que sean -a veces con un beso basta- (y suele a veces acontecer a las 3/4 partes de la película), ya está ella condenada a muerte, eh.
5.- Los malos varones son o tontos o siniestros (no hay término medio). Pero las malas... Las malas mejor ni acercarse. Son malísimas siempre. Además, si el protagonista es varón lo tocan poco, pero como sea hembra, la crujen. Las malas se ríen en Ú. Es decir: ¡¡¡¡¡Uuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu-juh-juuuh-juuuuhhh!!!!!
6.- La misión de todo puente en las películas es romperse mientras alguien pasa por encima. Además, son construidos con cuerdas y maderos podridos. Pero incluso los de granito sólido se rompen cuando pasa alguien.
7.- Los grupos de macarras y/o ninjas atacan de uno en uno al protagonista, que los va deslomando. El resto del tiempo le lanzan miradas asesinas y maldiciones. Y esto ocurre varias veces.
8.- En todas las películas japonesas debe aparecer una mascota siguiendo al protagonista, mascota que -aparte de ser horrenda la mayoría de las veces- tiene el poder de hablar, como todo el mundo. O una hermanita menor. Hermanitos, no, puesto que los hermanitos menores mueren si salen a los quince minutos de iniciada la película. Han de ser hermanitas, además del tipo híbridos genéticos o así. Estos acompañantes del protagonista, cuando lo ven, se le abalanzan mientras gritan su nombre así: ¡¡¡Fulanito-Samaaaaaaaaaa!!! con voz de pito total.
9.- La gente japonesa tiene propensión a escupir sangre por la boca, sea donde sea el golpe, ataque, corte, etc. Si te cortan un pié, hala a escupir sangre a borbotones.
10.- La sangre es radioactiva cuando sale de un corte y sale siempre con una presión no inferior a 30 PSi. Las secuencias de combate (que son a espada, siempre aún cuando la acción ocurra en el siglo 32) son del tipo uno contra doscientos (ver 7) y ocurren en unas tinieblas obscuras que no dejan al espectador hacerse mucha idea de lo que está pasando, salvo que alguien atice un espadazo a alguien. Entonces salen la sangre con brillo propio, de modo que eyectan chorreones enormes de sangre roja fosforescente de los bultos que caen al suelo. Porque salvo la sangre, más no se ve.
11.- La frase más común en el animé es... ¡Pero como te atreves a....!, seguida de ¡Muestra más respeto!. En estas películas no importa que mates a la madre de alguien delante de ese alguien. Pero como seas insolente, despistado o poco respetuoso, estás perdido.
En fin... el Animé....
Colaboración de Rafael Padilla